Historicus Ephemeris Circitar Viaticus ed Musaeum Factionis Tunae Cuautitlanus

Historicus Ephemeris Circitar Viaticus ed

Musaeum Factionis Tunae Cuautitlanus

Enarrabillis per Adsertor Dignitas Vates

Marcullus Nun Quam Fessus

… Y llegada la hora
en la que en esta noche me abruma la melancolía de mis tiempos en añoranzas y
memorias a medio vivir y medio soñar, debo plasmarlas en papel antes de que mi
memoria me falle al punto que como hombre de recuerdos también olvide que
existo y me convierta en tan solo un personaje mas en la mente de algún
escritor empedernido. Mas no es así la
razón por la que escribo esto, no el deseo de perecer ni dejar rastro alguno de
mi pasaje por este mundo, sino la responsabilidad moral conmigo, con Dios y con
el mundo entero a los que les debo narrar la historia del mas grande y
pintoresco grupo que alguna vez pisara la tierra con zapatos gastados del
camino, estómagos a medio llenar, guitarras remendadas y el corazón mas lleno
de alegría y el alma tan brillante que solo podía mirarse si estaba cubierta
por sus capas y sus listones al aire.

Aun recuerdo la misma
noche en la que me encontrara yo en los aposentos de algunos de sus miembros,
aquellos que acompañe y por vez primera me vi ataviado en el traje mas bello
que no puede usar un noble, armadura tan efectiva que no pudiera ser cortada ni
por el frió de la noche y manto mas noble que ningún rey pudo portar. Un jubón, un pantaloncillo, unas mallas y
todo coronado con una capa, negra como la noche. Entonces obtuve mi primera lección: Un tuno
es el hombre más completo y autosuficiente ya que no requiere más que su traje
y su guitarra.

Era un día frío de
Enero, y salimos al crepúsculo al lugar de las Fuentes Imperiales donde uno de
los que después llamaría hermanos pasaría una prueba, Una prueba de confianza,
de valor y de entrega por su tuna. Se le
haría saltar 4 metros
al vacío con los ojos vendados. Una locura dirán algunos, pero esos algunos son
ignorantes que no saben nada acerca de los modos y caminos de la tuneria. En fin, que nos encontrábamos en aquel
paraje, el pardillo tenia ya los ojos vendados y el precipicio se abría ante
sus pies. A la voz del tuno mayor el se arrojo y entonces a medio aire, el
joven descubrió que su caída solo fue de medio metro. Trastabilló un poco, pero
quedo en pie. Su gloriosa caída no fue
hacia abajo, sino más bien, fue elevado hacia las estrellas, a la aceptación
entre abrazos y sonrisas de los demás presentes. Segunda lección: Un tuno
demuestra lo que es con sus actos y al hacerlo, como parte de la tuna, toda la
tuna estará con el siempre.

Ya pasada la prueba
pasamos a la que seria mi primera cabalgata en tan pintoresco grupo, mi primera
serenata. Salimos entonces en pos de tierras
lejanas, en dirección a los castillos de fermosas damas que nos esperaban en
sus torres para ser rescatadas en la escalera que construiríamos con nuestra música. Sin embargo, la fortuna no nos sonreiría esa noche,
como después lo descubriría.

Como aun tengo más de
mil y un hazañas que contar y millón y un mil noches más por detallar he de no
hacer el cuento largo, mi querido lector, y tratare de sintetizar lo ocurrido
aquella noche.

La primera dama, de
cuerpo esbelto y ojos soñadores, salio a su balcón airosa y orgullosa y su
valiente cantor, Don Luis, arrebatado por el aroma de la noche y el
romanticismo de la escena, arrojo de lado su temor y de paso su sentido común arriesgándose
a trepar por el balcón para llevar una rosa a su bienamada la cual la acepto,
sonriendo. Mas he ahí que la suerte dejo de sonreírle, pues en tanto el se disponía
a poner y amarrar la capa marcando por victoriosa la velada el joven señor
acabo descapotado. Un par de manos
blancas impidieron que la capa cerrara su nudo alrededor del cuello y la cabeza
solo se agito denotando una negación.

Abandonamos el lugar
con el orgullo en alto aunque la moral un poco baja y fue entonces que la
naturaleza que a la vez de sabia gusta de ser traviesa, reclamo de nosotros
regresar al mundo lo que del mundo tomamos.
Cosa un poco complicada de lograr en el momento, pero ni tardío ni perezoso
salio a nuestro encuentro una fondilla, en la que la ama y señora nos permitió
usar de sus facilidades sanitarias al precio de solo un puñado de canciones y,
dado que una tripa vale mas que una moneda de oro, con gusto aceptamos tan
generoso ofrecimiento.

He ahí que
continuamos las serenatas y una a una fueron despreciando los dones de mis
compañeros pardillos, hasta que de tanto caminar y cantar perdimos la manera de
regresar al cuartel, así que tuvimos que rentar un pasaje. He aquí que por fin pude hacer algo por mi
tuna al poder usar mis habilidades y negociar con el cochero un precio
razonable para transportar a 7 músicos, una madrina e instrumentos.

2 comentarios

  1. Comentario por Tu proxeneta on 23 Abril, 2008 12:49 am

    abronnn la neta esteeee siii te la rifaste mi buen me cae que si te luciste la verdad me senti transportado como si yo la hubiera vivido sabiendo que no lo hice pero el recuerdo de la historia a sido renovado en mi memoria thx man por el recuerdo AUPA TUNA Y SEMPER SERVUS

  2. Comentario por Tu otro proxeneta on 24 Abril, 2008 2:26 am

    Saludos Papacirou

    Siempre me ha encantado este escrito, desde la primera vez que lo vi, estaria bueno que lo continuaras o de menos te avientes el himno de la tuna y nosotros lo musicalizamos. jejej estaria de lux , lo cual me recuerda PINCHE PARDILLO DE MIERDA! CUANDO VAS A LOS ENSAYOS? jejejej

    cuidate manito y espero que sigas escribiendo esto, porke da para mas.

    SEMPER SERVUS

    AUPA TUNA

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